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Parar la bola

Estaba distraído en la tabletita con mi deporte preferido, porque casualmente encontré casi en arameo la retransmisión de los Ángeles Lakers frente a los Phoenix Sun, nada de desperdicio, porque lesionado Lebron, Doncic tenía su primer desafío como leader recién llegado, con su base maravilloso  Austen Reaves; frente a Kevin Durant y Burke, -para ponerle a las canastas lazos de oro ante el triunfo  sonado del exmadridista. 

Pero como mi cocola coge todos los rebotes, al vaciarla en la almohada, mis chifladuras se fueron a la enormidad de tiempos muertos, los que suponían  un factor de divertida distracción para los asistentes a la contienda y televidentes: desde elegantes danzantes a la bulla en el parqué, malabaristas chinos, lanzamiento de gorditos a canasta y a las gradas paracaídas de merchandise; hacían la alegría de la gente, su sorpresa y los más ponían cara de majaras delante de la cámara. Muchos sancionarían de americanadas esta forma de distraer al público; yo, más del básquet, veo las huellas del comisario Stern en la NBA, sacándola del abismo y sus lacerantes pérdidas económicas, para convertirla en un deporte 5 estrellas mundial.

 En Europa, aunque se juega y bien al baloncesto, con yanquis nacionalizados hasta de macedonios, quitando a les bailarines, las cámaras, en las paradas del juego, se ensimisman con la pizarrita del míster hablando a gritos a sus jugadores del ex soviet, en un inglés de viejo chiringuitero de Torremolinos. Pero a peor es el fútbol y más con el trucaje del VAR, que convierte en una tediosa misa de campaña los cortes del juego, ante las jaculatorias del graderío a la familia del árbitro; ni la FIFA, ni la Uerfana y menos el trincón de Javier Tebas, hartos de billetes, no se les ha ocurrido pensar en la diversión completa de los espectadores a lo USA; y siguen con el zoom de las emisiones, enfocando las caritas de los Mbappé y compañeros millonarios, al lanzar un escupitinajo,  para que usted aprenda cómo se riega el césped en la sequía.

 

Curro Flores

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