Sábado, 16 Diciembre 2017 | Acceso abonados

Asombroso

El desprecio a la vida que se ha implantado como elemento identificativo de nuestra sociedad es algo que me horroriza.

Rara es la semana que no leemos en los periódico o nos comenta la televisión casos, más de uno y de dos, en los que la violencia humana sesga la vida de otra persona de manera improvisada y siempre como consecuencia de una disparidad de criterio a la hora de analizar una situación social, deportiva o personal. Me refiero a acontecimientos dentro de una sociedad democrática, de libertades y en paz. No a sociedades en las que se produzca algún conflicto bélico.

Es curioso, que este fenómeno social pues así debemos calificarlo ya que en el año 2016 se produjeron 292 muertes violentas, es decir, 24 muertes al mes; señores, más que días laborables. Como decía, este fenómeno social se produce en una sociedad pacifista y en la que se apoyan todos aquellos movimientos de carácter, digamos, bonistas, animalistas, antibelicistas, solidarios y cualquier otro en el que se atisbe en su denominación una expansión de buenas voluntades.

No queremos hacer la mili, porque estamos en contra de la guerra, pero a la hora de la verdad hacemos enemigo a cualquier ciudadano que discrepe de nosotros ya sea social, política o deportivamente. Y las consecuencias de esas discrepancias ya las estamos viendo: 24 muertes al mes.

Es incompresible que en una sociedad en la que aspiramos a desarrollar los principios más nobles del ser humano, cada vez con más frecuencia con lo que nos encontramos, en realidad, es con los sentimientos más primarios. Sentimientos primarios que, ineludiblemente, conducen a la destrucción social.

Hablamos de igualdad entre hombre y mujer y cada vez la desigualdad es mayor y el trato vejatorio a la mujer es más relevante. Quizá la palabra género con la que se pretende evitar la diferencia entre hombre y mujer, sea en realidad la que esconda el aumento de la desigualdad.

Hablamos de un sistema educativo bilingüe, pero seguimos estando a la cola de Europa en los resultados académicos. El esfuerzo, la disciplina y el respeto al maestro y/o profesor es un espejismo. El coleguismo es lo que impera, y ya sabemos que los colegas no se exigen.

Defendemos a los animales, pero nos alegramos de la muerte de los toreros.

Pero no nos quedamos ahí. Hablemos del otro tipo de violencia que ha llegado a convertirse en un derecho de la mujer. La del aborto. En el año 2016 se practicaron en España 94.796, de los cuales solo el seis por ciento, 16 abortos, representaban algún riesgo para la mujer. El resto, 243, se realizó por petición de la mujer sin justificación concreta y dentro de las primeras ocho semanas de gestación.

Nuestra sociedad está acostumbrada a despreciar la vida. La del adulto, al que se la quitamos por simple discrepancia, la del que va a nacer, al que se la quitamos en el mayor de los silencios y sin que esa posibilidad de vida, ser humano, haya tenido culpa de que lo hayan engendrado. Es decir, 243 abortos son consecuencia de la irresponsabilidad en la realización del acto sexual, pues hay medios más que suficientes hoy en día para realizar el acto sexual seguro.

El aborto como acto objetivo es el fiel reflejo de nuestra sociedad. Se produce como consecuencia de la falta de responsabilidad y formación a la hora de realizar un acto, llegando incluso a la destrucción de la consecuencia de ese acto, para poder seguir siendo irresponsable.

 

Autor

Fernando Guerrero

Fernando Guerrero

Ensayista

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