Martes, 21 Agosto 2018 | Acceso abonados

El efecto Casado

La prospección social se ha convertido en estos últimos años de incertidumbre política en una herramienta indispensable para los partidos. Las encuestas sobre intención de voto ya no se limitan a los periodos de campaña electoral, y los 'trackings' semanales sobre la opinión que suscitan las distintas siglas están a la orden del día, haya o no elecciones a la vista. Incluso aunque el resultado que den hoy no sirva para mañana.

Eso lo saben los expertos que asesoran a los distintos líderes acerca de la imagen que éstos proyectan en cada momento. Saben que una encuesta bien hecha es una aproximación muy exacta a la realidad del momento en el que se hace, pero también tienen la certeza de que las fórmulas matemáticas que trasladan al papel las opiniones de la calle no sirven de nada ante las emociones. Y ahí es donde quienes mejor se manejan en generar esas emociones son capaces de obtener mejores resultados. Las corrientes de opinión se han convertido en un fenómeno mucho más poderoso que cualquier ecuación científica. Son capaces de arrastrar las encuestas y dar la vuelta a la opinión sobre el futuro que pueda tener toda una sociedad. Y en los últimos tiempos, a una velocidad impensable incluso para los propios expertos.

Esas mismas encuestas que hace unos meses colocaban a Ciudadanos sobre la espuma de una ola imparable, ayer aupaban a un Partido Socialista que aprovecha como puede la oportunidad que le otorga haber accedido al poder y hoy colocan al nuevo PP a la cabeza entre los partidos. Una volatilidad que los suyos achacan al 'efecto Casado', pero que tiene tanto o más que ver con la movilización de las emociones. El revulsivo que todo cambio supone en cualquier aspecto de la vida.

Lo difícil de movilizar las emociones es, como en las dietas de verano, no caer en el efecto rebote. También lo hemos visto en un Gobierno de Pedro Sánchez capaz de ilusionar con un ministro astronauta, y acto seguido decepcionar con un vuelo en el Falcon. Pero en eso, el Partido Popular va a jugar con ventaja. Porque el 'efecto Casado', más allá de haber propiciado que la ilusión haya vuelto para mucha gente dentro y fuera de su partido, está en manos de una persona, el propio Pablo, que sabe con conocimiento y convencimiento de causa cómo manejarse en el inestable terreno de las corrientes de opinión.

Lo ha demostrado como vicesecretario de Comunicación, en su trato con los medios, y lo ha demostrado en su campaña y acceso a la Presidencia de su partido. Pablo Casado es un político nativo digital, que maneja las redes y sabe de su importancia, que hace discursos y lanza mensajes consciente del efecto que tendrán, y que tiene el instinto y la capacidad para manejarse en esas corrientes sin terminar siendo arrastrado hasta la orilla. Él mismo ha lanzado el mensaje de que el PP ha vuelto para quedarse; lo sabe bien, porque tiene esa seguridad en uno mismo que otorga el contar con la preparación y la motivación necesarias para movilizar emociones que está detrás del 'efecto Casado'.

 

Autor

Javier Salas

Javier Salas

Responsable Oficina de Comunicación PP Málaga

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