Martes, 17 Septiembre 2019 | Acceso abonados

La Andalucía vaciada

La Humanidad, hace 10.000 años, inició un proceso de cambio del nomadismo al sedentarismo. La Agricultura, junto a la domesticación de los animales, la invención de la cerámica o un mayor manejo y control del fuego y los metales, posibilitaron que no fuese necesario desplazarse para garantizar unas condiciones materiales de vida que cubrieran las necesidades humanas.

El mismo instinto animal a la inversa es el que genera los grandes éxodos o movimientos migratorios (que no entienden de lindes) a lo largo de la Historia. La Humanidad no da pasos atrás en el sedentarismo por ningún efecto llamada, sino por el efecto huida cuando no se garantiza el pan, el trabajo, el techo o la seguridad individual o colectiva.

No podemos hablar del problema del vaciado de la Andalucía rural, la Andalucía del interior sin mencionar las causas y los causantes. Hablamos de vaciado y no de vacía, porque no se ha vaciado sola, ha sido un proceso que tiene que ver con las políticas liberales llevadas a cabo en las últimas décadas, muchas, que responden a un modelo centro-periferia. La periferia como reservorio de recursos para nutrir al centro (no tiene que ser puramente geográfico) para propiciar unos procesos de acumulación que parecen que no tienen límites.

La relación centro-periferia es la expresión clara de un modelo colonial en el que los recursos de todo tipo (trabajo, capital, materias primas...) fluyen desde la periferia al centro que ejerce el control y hace que se descompongan las bases sociales y económicas del mundo rural.

Sus habitantes se ven abocados a la emigración o a vivir permanentemente en el contexto de una economía subsidiada. En ese modelo de dependencia o de intercambio desigual, la Andalucía del interior juega el papel de periferia en una tierra periférica de un estado, a su vez, periférico de Europa.

De nada sirven los tímidos, escuálidos, mal planificados y peor ejecutados planes de desarrollo local si nos encontramos con un abandono absoluto de las infraestructuras básicas que vertebran el territorio (eliminación el tren, déficit transporte público y deterioro de las carreteras secundarias), recortes en servicios públicos fundamentales (Educación, Sanidad, Servicios Sociales...) que en el mundo rural significa su desaparición y un modelo productivo desindustrializado donde los planes de reconversión han brillado por su ausencia junto a una política agroalimentaria basada en la acumulación de la propiedad sin importar el que y como se produce.

PP, PSOE, C's... todos hablan del desafío demográfico como una cuestión de estado, pero son incapaces de, primero, reconocer las causas y, segundo, revertir las políticas causantes de este desarrollo desigual. Discursos vacíos frente al vaciado territorial de una parte importante de nuestra Comunidad, ni más ni menos que el 68% de los pueblos andaluces han perdido población en los últimos 10 años.

Es hora que la periferia se revele contra los designios de un modelo en el que el interior juegue un rol de productor a bajocoste o generador de mano de obra barata, convirtiendo a nuestros desiertos pueblos en parques temáticos para domingueros. Necesitamos luchar por unos servicios públicos de calidad, unas infraestructuras dignas que nos conecten entre sí y sobre todo un cambio del modelo productivo que apueste por el desarrollo endógeno de nuestra tierra. Es decir, tener garantizada una vida digna en nuestros pueblos para no dar ni un paso más hacia la vuelta al nomadismo.

Autor

Guzmán Ahumada

Guzmán Ahumada

Coordinador provincial de Izquierda Unida en Málaga y parlamentario andaluz

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