Miércoles, 16 Agosto 2017 | Acceso abonados

Misión dos Españas: proceso de reconciliación

Si Bélgica, hoy cohesionada a pesar de todo, ha sabido superar sus grandes dificultades, tanto históricas y culturales, como políticas, razón por la que valones y flamencos han mantenido importantes desavenencias, nuestro país no podía ser menos.

El espíritu español del consenso constitucional del 78 queda ya muy lejos, probablemente a una distancia sideral. Aquéllos, los que lo hicieron posible, no son los agentes de hoy. Si fuera por los de ahora, aquel proceso de democratización habría sido inalcanzable. Es decir, después de cuarenta años de Dictadura franquista, los padres de la Constitución -que garantiza el Estado de Derecho que nos permite vivir en libertad- hicieron realidad un sueño democrático que nuestros dirigentes políticos, vencidos por el odio y no aptos para conservar lo que tanto costó construir, se empeñan en dilapidar.

Los políticos actuales, todos en su conjunto, son incapaces de prevenir el renacimiento de las ´Dos Españas´. Las mismas, ambas, que hoy nos hielan el corazón. Lo realmente cierto es que, dentro de nuestro país, hay dos Españas políticas, dos Españas económicas y dos Españas sociales.

En materia política, por un lado, tenemos la España del PP -implicado de corrupción hasta el tuétano- que se ha apropiado de la idea de país, que surgió de la Constitución del 78, para mutarla, primero, en la idea altiva, arrogante y excluyente de Aznar, y segundo, en la idea insípida, inmovilista y abotargada de Rajoy. Por otro, la España ´nación de naciones´ del partido morado del PSOE, liderado por un Pedro Sánchez al que sólo le queda dejarse la coleta y suplantar a Pablo Iglesias Turrión -que nada tiene que ver, y ruego distinguir, de aquel Pablo Iglesias, fundador del partido socialista-, porque con la excusa de luchar contra la violencia de género, ya se apresuró, hace unos días, a tunear y cambiar por el morado, el rojo clásico de las cuentas oficiales del partido en redes sociales.

Desde un punto de vista económico, tenemos de un lado la ´España de cuesta arriba´, la del trabajo escaso y la precariedad laboral, llena de jóvenes que, o se dirigen a la cola del paro -cuya tasa es casi del 40% entre los menores de 25 años-, se quedan en casa hasta los 40 en ´plan Niní´ u optan por buscar empleo fuera del país. Por el otro, la ´España de cuesta abajo´, formada por trabajadores veteranos en retirada -que conocieron tiempos mejores-, o por mayores de 45, a los que los dirigentes políticos consideran prescindibles. O bien, la ´España de las dos velocidades´, donde la ganancia media anual por trabajador, en Extremadura, apenas sobrepasa los 19.500 euros, mientras que, por el contrario, en Euskadi, se superan los 27.500.

Respecto a lo social, se vislumbran la ´España del retroceso´ y la del progreso. La de las zonas rurales en las que no hay acceso a Internet y, por consiguiente, queda anulada toda actividad posible de emprendimiento empresarial en el que se necesite un mínimo y digno umbral de conexión digital. Y esto es así, básicamente, porque las grandes compañías de telecomunicaciones no invierten donde no es rentable, renunciando a criterios sociales para sólo regirse, estrictamente, por el aspecto económico. En cambio, en la ´España urbana´, la del ´progresismo´ y la estulticia, las compañías pierden la dignidad en una competencia feroz por dar de alta el máximo número de contratos posible, ya sea regalando una tablet, un smartphone, o el alma al diablo si es preciso.

En este sentido, una vez más, es la incapacidad de los políticos de hacer ver a las grandes compañías que el servicio al país debe ser global o, si no, no debe haber licencia administrativa que valga. Igual ocurre con la pobreza energética, en la que el Gobierno español baila al son de las Eléctricas, por no hablar de las Constructoras, cuya quiebra en el negocio de las autopistas ha recibido la bula del Gobierno central tras socializar sus grandes pérdidas, mientras que los desahucios bancarios han costado la vida de muchos españoles, y no me refiero a la de Miguel Blesa.

Lo realmente sorprendente es que apenas se alcen voces que preconicen las políticas para la reconciliación nacional y la superación de las dos Españas que hoy, lamentablemente, renacen.

Entre la izquierda y la derecha, entre el bipartidismo clásico y el neopartidismo de Podemos y Ciudadanos, hay otras formaciones muy dignas, como la que tengo el honor de presidir. Se llama Libres. Un nuevo partido cuya filosofía es buscar verdaderas soluciones a problemas reales, no crearlos. Donde entendemos que, en el epicentro de nuestras prioridades, deben estar las personas.

Libres tiene muy claro cuál es la misión: unir las dos Españas e iniciar un proceso de reconciliación. Estamos a tiempo. Las heridas, aún, siguen siendo reversibles. Si esperamos a mañana, quizá ya sea tarde. Y el 1 de octubre está a la vuelta de la esquina.

 

Autor

Iván González

Iván González

Presidente de la formación política Libres

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