Viernes, 19 Abril 2019 | Acceso abonados

En marcha

Nuestra sociedad está anclada en el presente porque le tiene miedo al futuro. Teme al futuro en la misma medida que odia al pasado. Pretende ser una sociedad en constante creación buscando una identidad que no tiene. Se ha despojado de la mochila de los pasos andados por los ciudadanos que nos antecedieron para hacer una sociedad nueva y para ello se aferra constantemente a la palabrería y la verborrea. Llevamos años así. Escuchando a los políticos. Hablan, hablan y hablan pero no dicen nada. Los medios de información, desinforman. Las redes sociales emiten falsas noticias con la intención de dañar. El ciudadano va a las votaciones, pero votando no puede elegir. El sistema educativo enseña a ignorar.

Pasan de un curso a otro sin saber, en la mayor de las ignorancias que les lleva a pensar que saben. La justicia se adapta, no se ejerce. Y el poder económico prorratea las pérdidas entre los ciudadanos y privatiza los beneficios.

El ciudadano ante tanta memez se siente ninguneado. Se siente nadie. Carece de futuro. No le permiten recordar su pasado. Se ve sin relevo cultural y social. Mientras, los gobernantes no hacen sino hablar de cifras. El PIB. La subida del paro. El aumento de los impuestos unos, otros la bajada.

De las humanidades ni se habla. No hay lugar en el presente para ellas. Las humanidades implican compromiso, continuidad, esfuerzo, dedicación. Eso hoy no interesa. Nos obligan a pasar por esta vida de manera liquida, pero sin un cauce que nos conduzca.

Nos han llegado a convencer que cuando las paredes de los grandes almacenes se cubrían con imágenes religiosas durante las fiestas navideñas era un homenaje al cristianismo. Pero quizá fuese como reclamo para hacernos creer que el pesebre estaba dentro y había que comprar. De todos los elementos que puedan intervenir en el bienestar de la sociedad existen muchos que no pueden ser valorados. Es más, no hay dinero para comprarlos ni se encuentran en tiendas o grandes almacenes.

La salud de nuestros hijos y seres queridos, la solidez de nuestro matrimonio, la belleza de la poesía o la satisfacción de enfrascarse en un libro, la honradez, integridad y calidad del debate político de nuestros gobernantes, ni la compasión, solidaridad, caridad o dedicación a los demás. Todos los sentimientos que emanan de las situaciones anteriores ayudan al bienestar social manteniendo en todo momento la esperanza de continuar en el camino de la felicidad. Para ello es necesario conocer sin miedo nuestro pasado y mirar hacia el futuro para crearlo.

Ese debe ser nuestro sentimiento respecto al futuro para mejorarlo respecto de nuestro presente.

Autor

Fernando Guerrero

Fernando Guerrero

Ensayista

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