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¿Pasará de verdad el tiempo?

No lo sé. Lo que sí es seguro es que lo que pasa es nuestra vida y lo peor es que no sabemos a quién se la vamos a entregar ni si le tenemos que devolver la vida que nos ha entregado el tiempo, pues hace tiempo que yo nací, o hemos de devolvérsela mejor de lo que la recibimos. En todo caso una vez en la vida, y teniendo en cuenta que las circunstancias que nos rodean al nacer no son iguales para todos, deberíamos centrarnos en aprovechar todos los medios a nuestro alcance para mejorar la vida que nos han entregado, así como ayudar a los más desfavorecidos a mejorar la suya.

Como principio no está mal. Lo que pasa es que en el análisis que uno realiza de estos últimos sesenta y cinco años, hasta allí donde uno se acuerda, así como por lo leído sobre nuestra historia parece que quienes nos antecedieron e incluso nosotros teniamos ese tipo de preocupaciones, pero a partir de los últimos cuarenta años nadie se ha preguntado nada sobre la vida dejándose arrastrar por las tendencias sociales faltas de una base moral y siempre manifestando el aspecto lúdico y vacio del ciudadano.

En el año 1929 José Ortega y Gasset publicaba un libro bajo el nombre de la Rebelión de las Masas. En ese libro escribía, con gran acierto para la época que "hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más grave crisis que a pueblos, naciones, culturas, cabe padecer. Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas".

José Ortega y Gasset escribe este libro cuando la revolución Bolchevique ya estaba implantada en Rusia. Mussolini había llegado al poder en Italia. Y en Alemania se vislumbraba, ya, el ascenso de Hitler.

En mil novecientos sesenta y uno, el comunismo levanta el muro de Berlín, máxima expresión de la sin razón y maldad del ser humano. Aun así en mil novecientos ochenta y nueve la ciudadanía hace caer el maldito muro de Berlín vergüenza de la represión política hacia todos los derechos y libertades de los ciudadanos.
En mil novecientos setenta y uno John Lennon publica la canción "Imagine" un cantico a la juventud de la época para que mejorarse la sociedad en la que vivía. En esta canción se luchaba por todo cuanto hasta entonces se había mal creado en nuestra sociedad.

En mil novecientos setenta y cinco iniciamos nuestra transición. Veníamos de cuarenta años de dictadura en los que teóricamente nuestra sociedad era inculta y carecía de la formación propia de los ciudadanos europeos. El futuro, en principio, parecía oscuro. Pero, no. Esos incultos paletos carentes de formación democrática demostraron que mirando hacia el futuro el entendimiento entre personas de distintas ideologías es posible. No se movían por otro interés que no fuera el futuro de España. No hubo nada imposible de unir. Todos caminaban hacia el mismo fin: La España democrática. No había otro objetivo. El índice de natalidad en la España de 1975 era de 2,77 hijos por mujer. Había futuro.

Pues bien, parece que el tiempo no ha pasado. Han pasado todos los protagonistas y nosotros que tendríamos que haber cogido el testigo de su ejemplo nos hemos convertido en esa masa anónima incapaz de mandar en nuestra sociedad que es dirigida por quienes le impresionan, que es más fácil que convencer y que carentes de formación y de valores vuelve a poner a nuestro país al borde del precipicio.

La oz y el martillo vuelven a verse en nuestra televisión y en banderas en la calle. Partidos de tendencia fascista ganan votos en Europa.

El muro físico y político ha desparecido, pero el económico es cada vez más grande y separa cada vez más a ricos y pobres.

Ha pasado el tiempo y en vez de solidaridad exaltamos el egoísmo, eso sí en forma de individualismo. Nuestra tasa de natalidad es de 1,33. No hay futuro.

Por ello, hoy representan a parte de esa masa de este país, que es España, políticos que pensando en obtener votos cacarean como gallina clueca que España se compone de cuatro naciones: Cataluña, País Vasco, Galicia y España. Por ganar votos, cualquier cosa, incluso destruir España. ¿Será que el tiempo no pasa? ¿Será que el tiempo afecta a nuestra sociedad en función de lo que le devolvamos por lo que él nos ha entregado: la vida?

Autor

Fernando Guerrero

Fernando Guerrero

Ensayista

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